MILITARES JUDÍAS: La mordida del perro rabioso
Hay perros viejos que conservan bien la dentadura. Sus colmillos, aún afilados, están listos para arrancar un buen trozo de carne en la mordida.
Esta es una premisa imprescindible para entender el asalto sonoro de Militares Judías. No son nuevos en la plaza: su pelaje musical ya muestra cicatrices y canas. Por eso, sus temas mezclan lo mejor de unas cuantas décadas y, sin embargo, saben a nuevo, a recién cocido.
Tal vez porque se han hecho a fuego lento. Ya hace diez años que César (batería) y Pablo (guitarra, voz, etc.) se encuentran a través de la amistad común de David (bajo, un músico-guadiana ahora desaparecido). Empiezan a juntarse en el almacén de un polígono industrial para tocar versiones: Bauhaus, Ramones, Ilegales... cualquier cosa que les guste. Distracción, juerga.
Pero, entre la diversión, comienzan a dibujarse riffs propios que se van registrando en un 4 pistas para jugar con ellos, retorcerlos, amasarlos. A las bases se añaden teclas, se reproducen las cintas al revés para que nazcan monstruos nuevos, distintos. Todo ello girando alrededor de la premisa desdibujada, inconcreta, de mezclar ruido y brutalidad (The Jesus & Mary Chain, los primeros Dinosaur Jr., los océanos de distorsión de My Bloody Valentine) con la experimentación de un rock avanzado, distinto, que juega con texturas incluso electrónicas (Boards of Canada, Seefeel, Paul White). Por si no bastara, los ecos de Stooges y el rock australiano, o los aromas post-punk de los primerísimos ochentas, afloran desde su bagaje, dando forma a una amalgama multitentacular... |